ALIMENTACIÓN DURANTE EL PRIMER AÑO DE VIDA

 

Durante los primeros meses de vida, la lactancia materna es el mejor comienzo en la vida de los bebés, ya que es la alimentación la que presenta más beneficios tanto para la madre como para el hijo. La leche materna tiene una composición especialmente indicada para el bebé, proporcionándole nutrientes y anticuerpos para crecer adecuadamente y combatir infecciones. Además, es más fácil de digerir que la leche de fórmula, por tanto no suele producir estreñimiento o molestias digestivas.

También se asocia a un menor riesgo de alergias, dermatitis atópica y posiblemente a una protección contra la diabe
tes.

Por otra parte, encontramos los beneficios que supone para la madre, algunos de estos son, por ejemplo, ayudar al útero a contraerse y recuperar la forma más rápidamente, como también el ser un factor protector contar el cáncer de mama. Además, con el amamantamiento materno se crea un vínculo entre la madre y el bebé, proporcionando momentos de relax y permitiendo conocerse mutuamente entre ellos.

 

A partir del 4º y 6º mes de edad, los requerimientos del bebé aumentan y no es suficiente la lactancia materna exclusiva para cubrirlos. Es por eso que se debe comenzar a introducir una alimentación complementaria a la leche materna, el llamado beikost.

La introducción de nuevos alimentos se tiene que hacer de manera progresiva y siempre comenzando como aquellos alimentos más suaves o fáciles de digerir. Además, al principio se realizarán como mucho 2 prepararciones de triturados combinados con la lactancia materna, y se irán aumentando el número de comidas (y disminuir así las tomas de leche materna) a medida que el bebé vaya creciendo y madurando.

A los 4 y 6 meses: se introducirán los cereales en forma de avena que se pueden preparar con leche materna o fórmula infantil. Los cereales con gluten se incorporarán en pequeñas cantidades y gradualmente mejor mientras se continúa con la lactancia materna. También las frutas que se comenzarán a ingerir deberán ser frescas, maduras y de la estación, siendo recomendable por primera vez la pera, manzana, plátano y naranja.

Todas las preparaciones tienen que ser en forma de triturados y de textura homogénea, sin grumos.

 A los 6 meses: Se incorporarán progresivamente otras frutas como por ejemplo las fresas, las moras, el kiwi y el melocotón. Por otra parte, las verduras deberán comenzar a estar presentes en el día a día del bebé, siempre en forma de purés sin sal y comenzando por la judía verde, la patata, calabaza, cebolla y zanahorias. El resto se introducirán progresivamente, dejando para el final las verduras de hoja verde (espinacas y acelgas).

En cuanto a los alimentos proteicos, ya se podrán introducir pequeñas cantidades de 15-20gr de carne magra a los purés de verduras, comenzando por el pollo, pavo y ternera, introduciendo el resto poco a poco.
A los 8 meses: El bebé comienza a intentar masticar, por lo que se podrán ofrecer alimentos blandos y chafados, incluso alimentos cortados en pequeños trozos (excepto las carnes, que se deberán seguir presentando en forma de picada). Por lo que presenta el pescado, lo mejor para comenzar serán aquellos blancos como la merluza, el gallo y el lenguado.
A los 9 y 10 meses: Introducción de la yema de huevo, siempre cocida para facilitar su digestión y triturada con verduras, reemplazando la carne o el pescado.
También se podrán incorporar de forma progresiva a la dieta las legumbres (trituradas y tamizadas) en pequeñas cantidades añadidas a las verduras y de 1 a 2 veces por semana.
Llegados a esta edad, ya se podrán consumir yogures y quesos tiernos, ya que son una excelente fuente de calcio, proteínas y fósforo. Evitar yogures de sabores y edulcorados, mejor los naturales.


A partir del año:  Incorporar a la dieta pescado azul en pequeña medida. Por otra parte es preferible retrasar la introducción de la leche de vaca hasta el año de vida por su elevado contenido en proteínas, sodio y potasio. Se recomienda alargar el suministro de fórmulas de crecimiento hasta los 2-3 años.

A partir del año, la alimentación del bebé debe ser similar a la de la familia, tanto por los alimentos como en la consistencia de las preparaciones, siempre teniendo en cuenta que las cantidades se tienen que adaptar según edad.

Siguiendo una alimentación equilibrada y variada nos aseguramos que nuestro hijo crezca de manera saludable y sin ninguna carencia.

Irene García Rodríguez

Dietista-Nutricionista en Zenfit Esplugues

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